Nietzsche, F., Mas Allá del bien y del mal, Sección Segunda "El Espíritu libre". Edición de A. Sanchez Pascual, Alianza, Madrid, 2007, p.54
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Se puede llegar hasta la indigestión, debido a una mala dieta. Pero por otro lado se puede llegar a la indigestión debido a la mala digestión. Ejemplo de ello es una dieta rica en palabras propias, un hartazgo del rollo interno, una sobresaturación del veneno propio que le achacamos al otro; una especie de autoenvenenamiento. Esta especie de enfermedad autoinmune, aun cuando rara entre los hombres, no parece ser tan extraña entre las representantes del complementario género. Y no hay que olvidar que de muy poderosos venenos siempre se pueden extraer muy poderosas medicinas.
Pero la nocividad del efecto, dependerá de la variedad o exclusividad, de palabras que usualmente intentemos digerir, pero además del tipo de organismo con el cual contamos. Si es de tipo ovino o vacuno, por ejemplo, la carne - especialmente la roja; generará estragos en el tránsito del tracto. Lo cual, será causa probable de múltiples malestares y aletargamientos en todo ámbito. Esto aparece inversamente proporcional en el caso de estómagos acostumbrados a digerir hasta cartílago si es necesario, siendo más probable que los vegetales no sólo no generen indigestión, sino que más bien proporcionen sólo una breve distracción, lo cual probablemente precipite una nueva e ingente porción extra de lo mismo, o en su defecto, una vuelta indefectible a los sabores irremplazables del cadáver.
En general debiésemos estar al tanto de las características de la propia digestión, y evitar el abotagamiento con aquellas palabras y sustancias que no nos es saludable intentar digerir. En general, el hartazgo es evitable toda vez que se deja de consumir las cantidades que provocaron el malestar, intentando mesura en ello o cuando el cuadro es grave o crónico, evitando a todo evento el mentado estímulo.

Cada cierto tiempo, distintos tipos de objetos, adquieren una cierta animación y se mueven.
¿Es la obediencia, en un régimen republicano, el valor central?
¿Es posible un régimen republicano, sin des-obediencia?
En la educación entonces, pilar de cualquier régimen político. ¿Debiese ser la obediencia el metal del cual sea acuñada la moneda ciudadano?
Cuando se tienta el control de todos los discursos. Cuando se asfixia toda creatividad. Cuando se castiga toda voz opuesta. Cuando se prohíbe toda diferencia con discursos desde la media. Cuando se ataja y se socava la asertividad y la divergencia. Lo que se desea y se obtiene es un totalitarismo; un absolutismo disfrazado de democracia; homogenización vestida de arcoíris.
¿Cómo India se sacudió el yugo inglés...? ¿Cómo Chile dejó de ser colonia? A todo esto, dejamos de serlo?
Bienvenida conciudadanos la des-obediencia, la nuestra desobediencia de cada día.
En el nombre del Yeti, del Sascuash y del Monstruo del lago Ness.
Amén.





Ese otro que tú eres.
A través de esas grandes ventanas.
Una forma de mi mismo, mirando a través de un océano de distancia.
Este otro que yo soy.
Una forma de ti mismo que te observa a través de impenetrables bosques de palabras.
En cada uno de nosotros.
Y a través de estos ojos, los tuyos, los míos, aquellos.
El mundo virtiéndose en este contenedor inmenso que es el lenguaje.
Como un brebaje mágico.