miércoles, 29 de abril de 2009

Uróboros




Una carrera sobre la nieve a la luz de luna en el claro de aquel bosque, con el aliento de los pensamientos-lobo pisándote la cola. Toda una jauría de ellos, jadeantes y hambrientos.

Ya sabes como termina la historia porque, en el fondo, tú eres esos lobos devorándote.

Las largas y elásticas patas sobre la nieve sólo sirven para hacer que los viejos cazadores se cansen y babeen, para prolongar por sólo un instante más el baile, pero no para escapar. El llamado de lo salvaje sin embargo es más fuerte, y la sangre no ceja en su palpitar.

Perseguir tu presa a toda velocidad a la luz de la luna, en el claro de ese bosque, a punto de atraparla. Compitiendo para adelantar una pata, por avanzar una dentellada. Sabiendo que, en el fondo, eres tú ese pequeño conejo blanco al que cazas con tanta ferocidad. La luz blanca deslizándose por tu lomo, cargado de estática, erizado por el ansia de atrapar la presa; desplazándose como un barco sobre la espuma de la tormenta, sólo la caza llena tu cabeza, sólo el sabor de su olor llena tu hocico, que babea.

(No) puedes escapar eternamente.

Cada cierto tiempo eres devorado.

Cazar es placer que supera al descanso.
eldoctorhache.wordpress.com

2 comentarios:

Moonchild dijo...

Lo peligroso de perseguirse la cola es inyectarse el propio veneno.

Hugo Muñoz Jaramillo dijo...

Por regla se es inmune al veneno propio, pero vulnerable a la ponzoña de otros...